
Mírame
que el sol no cierra
a media noche,
ni esconde
las alas al poema
nacido en la vena
que el alma cose.
Mírame
que la luna
mantiene la sonrisa
de un mediodía,
y tras la bruma
que aprieta la cintura
hay una dulce brisa.
Mírame
sin recortar olas al mar
ni esquivar los vientos
donde los sentimientos
echan a volar
por los balcones del palpitar
y sus mejores intentos.
Mírame
donde las paredes caigan
y el suelo apenas nos roce,
donde mis ojos lloren
las lágrimas que te resbalan
y donde me guardas
en tu hondo donde.
Esencia
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