
Mirarnos nos hizo poema,
tejiéndonos en vena para siempre,
sucedidos a la suerte sin otra escena
que la cierta sensación de no saberse.
A la luz del corazón y ojos cerrados,
sellados en las turbulencias del sentir,
salimos del hollín donde nadábamos
amándonos a tanto tentados a seguir.
Los ángeles con sus candelas encendidas
sin fatiga velaron por cada latido,
y el tiempo en tránsito con la vida
nos llevaron sin prisa donde el destino.
Mirarnos desde adentro y hacia adentro
dejó sin movimiento cuanto nos rodeaba,
el mundo no importaba si todo era nuestro,
al darnos aquel beso de alma a alma.
El cielo nos abraza y es testigo,
husmeando en los trillos del corazón,
que da su color por cada paso torcido
volviendo al latido donde todo comenzó.
Mirarnos nos devuelve la vida al sueño,
y cada estreno ve la luz en la caricia,
la poesía es hija del íntimo dialecto
que solo el sentimiento nos propicia.
Esencia
.
Ays Esencia, quien tuviera ojos para mirar y ser mirado de esa manera, al final los ojos se llenan de cataratas y cegueras varias y ni miramos ni dejamos que nos miren.
ResponderEliminarUn beso fresquito.