Tomo la savia del racimo que ofreces,
mosto orfebre que mi alma embriaga,
apretando la daga donde más se siente
el pulso latente que tan fuerte te ama.
Muerdo el grano que lleva tu nombre,
recorro los bordes que van a tu centro,
tomo el vuelo hacia tu donde
para sentir el hombre de mis sueños.
Saboreo la rampa que eleva tu sabor,
rezumo el licor que recorre mis venas,
cualgo poemas en parras donde el amor
madura al sol que nos eterna.
Exprimo la vid de las verdades,
sobre las ciudades de tus desvelos,
para creer que el cielo y sus caudales
rozan los mares de mi mismo suelo.
Esencia

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