
Tállame con el milenario cincel de tus vísceras,
de las entrañas hacia dentro de la vulnerabilidad,
donde el valor es un ansia imperecedera
de insaciable respiro por la continuidad.
Pule un horizonte que levante el azul
de las nubes que aletean los laberintos,
entre mi mente, mi alma y tú,
donde lo efímero no existe ni en los instintos.
Moldea las voces de mis pasos agitados,
que disputan como lobos entre mi carne,
aves de rapiña con su miedo y con su hambre
buscan su sustento en tu abrazo mechado.
Configura mi noche con tu sistema lunar
y apaga esta luz de brumas con el arcoiris
de tu entrega placentera sobre el clítoris
de mi amor, en su benévolente éxtaxis por dar.
ESENCIA
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