
Desterraste la vida que ya me moría,
desenterraste el grial de mi salvación,
desembalando la ilusión que dentro dormía
en el letargo y su porfía de quien es desamor.
Descruzaste mis fuerzas para darles vuelos
eñalándome un cielo puesto a mis pies,
corazón y fe conjugándose bien adentro
en el sumiso verso que nos supo convencer.
Adivinaste mi amor cuando tu amor despertaba
al rubor de mis ganas y tus ganas desatendidas,
inercias complacidas en cómplices serenatas
donde las letras agitaban y la sangre resurgía.
Aprendiste a saber el valor de descubrirse,
encendiste mi risa como el sol enciende el alba,
batistes las alas de mis brazos caídos
y disfrutamos coincidirnos donde nada nos quedaba.
Amaste a ciegas desde la mirada del corazón,
talaste la voz de quien voceaba ¡esa fuera!,
poniéndote por montera el mundo y la razón
sintiéndome donde el amor se siente y se queda.
Esencia
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