Ya ni creo, ni dejo de creer,
he dejado de ser la niña de tus dedos,
no habrá moldeo que me vuelva a él
ni él que me intente de nuevo.
Ya no creo ni dejo de creer,
desechó el papel donde le escribí a besos
para azotarme sin precio en mi querer,
y naufragarse él donde no más navego.
Ya no creo ni dejo de creer,
el sonambulismo de sus turbulencias,
las evidencias de su sangre ajada
clavándome en mi espalda conveniencias.
Ya no creo ni dejo de creer,
el velcro del ayer arrastrado por su rastro,
en sueños pintados sin raíz ni Fe,
en el ritual que su ser me ha demostrado.
Ya no creo, ni dejo de creer,
en los evangelios que presumía únicos,
en el púlpito donde obró su corazón
ni razón que ponga el mío el último.
Esencia